EDITORIAL MARZO: La última milla

Hace unas semanas, cuando le estaba comentando a un abogado amigo sobre mi reciente vinculación a la Fundación, me hizo una pregunta clave sobre el trabajo pro bono: “¿o sea hacen lo mismo que un consultorio jurídico?”. La primera respuesta que habría que dar, y que en efecto le di, se enmarca en lo teórico; es una respuesta de abogado: la competencia de un consultorio jurídico es distinta, los temas que maneja la Fundación son diferentes, no lo hace a través de estudiantes de derecho, y además es una fundación privada de firmas y empresas económicamente relevantes. Reflexionando sobre esta conversación en perspectiva, creo que la respuesta que debe dar un abogado socialmente responsable y aún más, la respuesta de la Fundación ProBono y sus miles de abogados afiliados debe enfocarse desde el papel de un profesional que tiene una posición a todas luces privilegiada, que no solamente se graduó de una muy buena universidad, sino que seguramente ha hecho (o tiene previsto hacer) especializaciones aquí y afuera, y que cuando va a hacer una llamada o va a presentarse ante un tercero, o cuando firma un documento, no solamente menciona su nombre, sino que actúa en su condición de profesional del derecho, subrayando la razón social de esa firma o empresa a la que orgullosamente representa, y pone todo su esfuerzo para que eso que hace demuestre lo que sabe y la institucionalidad que tiene detrás.

Ahí es donde está la diferencia. No podemos quedarnos en la zona de confort pensando que con tomar un caso pro bono al año cumplimos con nuestra tarea, o que lo hacemos con haberle ayudado a un familiar a hacer la liquidación de su conductor, con asistir a un concierto que organiza una fundación en un teatro para recaudar fondos, o ni qué decir cuando vamos a un barrio alejado del nuestro a ayudar a construir una vivienda un fin de semana. Todas estas actividades son sin duda, importantes y loables. Pero no estamos siendo abogados socialmente responsables, o por lo menos no lo estamos siendo a plenitud. No estamos utilizando en estos escenarios todas las capacidades, ni los estudios, ni los conocimientos, ni la experiencia ni las posiciones que tenemos para aportar desde lo que sabemos y lo más importante, no estamos pensando o actuando con la orientación de devolver a nuestra sociedad y a este país que con urgencia lo necesita, lo que con tanta generosidad nos han dado.

La Fundación ProBono los invita a dar ese paso extra, a recorrer esa última milla; a no dejar de hacer lo que hacemos sino a hacer más de lo que sabemos hacer bien, pero sobre todo, a hacerlo con una verdadera consciencia de ayuda y solidaridad, para que su contribución a nuestra labor – que es la de todos – pase de ser una carga más en el diario quehacer y tenga realmente sentido. Para eso está precisamente su Fundación; para darles la oportunidad de hacerlo y para impulsar que así se siga haciendo en el mediano y largo plazo. Usen y aprovechen la Fundación ProBono Colombia, y que ojalá sea también un motivo de orgullo pertenecer a ella y trabajar juntos por un mayor y más eficiente acceso a la justicia.

Autor: Ana María Arboleda Perdomo 

Cargo: Directora Ejecutiva, Fundación ProBono Colombia